Inteligencia artificial y trabajo: un cambio de generación que exige planificar
La psicóloga Claudina Kutnowski advierte que la IA obliga a reinventarse al 80% de la población laboral; el desafío combina economía, salud mental y políticas públicas.
Se trata de un cambio estructural del trabajo que, según la psicóloga Claudina Kutnowski, obligará a reinventarse al 80% de la población laboral si se considera el ritmo de adopción de la inteligencia artificial (entrevista Modo Fontevecchia, 15/5/2026). Esta no es sólo una discusión técnica: atraviesa salud mental, desigualdad en el acceso a formación y la capacidad de las instituciones para ofrecer respuestas en tiempo y forma.
¿Qué está planteando Kutnowski y por qué importa?
Kutnowski traza una analogía histórica: la Revolución Industrial y el taylorismo redefinieron oficios enteros, y la irrupción de la IA tiene potencial para hacer lo mismo ahora. En la entrevista destaca que, a diferencia de la pandemia —una coyuntura temporal mayormente concentrada en 2020–2021—, este proceso podría abarcar una generación completa, con efectos sostenidos sobre proyecciones laborales y sobre la salud mental colectiva. También alerta que la IA puede redefinir lo que entendemos por sintomatología en salud mental, porque puede medir patrones de uso y comunicación, pero no necesariamente comprender la trama subjetiva detrás de un síntoma (Modo Fontevecchia, 15/5/2026).
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
En términos prácticos, la vulnerabilidad es desigual. Según la OCDE, el 14% de los empleos son altamente automatizables y otro 32% podría cambiar sustancialmente respecto de tareas y habilidades requeridas (OCDE, 2019; base: empleos en países OCDE). En América Latina la capacidad de adaptación tiene un límite adicional: la CEPAL registró cerca de 54% de empleo informal en 2021, lo que complica el acceso a formación formal, seguro de desempleo y servicios de salud laboral (CEPAL, 2021; base: población ocupada regional). Eso significa que las políticas públicas y las empresas no pueden asumir una transición uniforme: el mismo avance tecnológico puede reforzar brechas si no hay medidas activas de inclusión, subsidios a la formación y redes de acompañamiento psicosocial.
Qué pueden hacer los trabajadores y qué deben ofrecer las empresas
Para los trabajadores: planificar no es una frase vacía. Rediseñar la carrera implica mapa de competencias, tiempo para formación y alternativas de ingreso transitorio. Kutnowski aconseja anticipar y ejercitar adaptaciones antes de que sean obligatorias (Modo Fontevecchia, 15/5/2026). Para las empresas: priorizar perfiles clave está bien, pero debe ir acompañado de programas de reconversión internos, esquemas de rotación temporal y protocolos de salud mental. Las políticas públicas, a su turno, necesitan financiamiento para formación, certificación rápida y servicios de apoyo psicológico accesibles. Todo esto requiere metas medibles: cuántas personas se certifican por año, cuántos empleos se transforman y qué redes de apoyo se activan.
Cierre: urgencia con planificación y equidad
No es prudente ni efectivo reaccionar con tecnofobia o con una fe ciega en el mercado. Vemos que hay tiempo relativo para planificar, pero no es infinito: Kutnowski lo compara con la pandemia para subrayar la diferencia entre una crisis coyuntural y una transformación generacional (Modo Fontevecchia, 15/5/2026). La agenda urgente es doble: proteger salud mental y garantizar acceso equitativo a formación y a redes de sostén laboral. Si las medidas se piensan con anticipación, con criterios de transparencia y focalización en los más vulnerables, la transformación puede reducir riesgos y ampliar oportunidades. Si no, la automatización correrá más rápido que la respuesta social.