El Obelisco cumple 90 años: postal, polémica y desafío para celebrarlo
El monumento porteño, inaugurado el 23/5/1936 y de 67,5 m de altura, llega a sus 90 años entre celebraciones y la obligación de garantizar presencialidad, sustentabilidad y accesibilidad.
El Obelisco cumple 90 años: fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 y mide 67,5 metros, construido en apenas 60 días por 157 obreros, según el especialista Horacio Spinetto (nota del 23/05/2026). Esta es la información central: un monumento nacido en un plazo récord que, con altibajos, terminó por convertirse en la postal más reconocible de Buenos Aires.
¿Por qué fue polémico en sus comienzos?
La polémica no fue casual: la obra demandó plazos extraordinarios —60 días para levantar la estructura— y el revestimiento original sufrió un incidente en 1938 cuando se desprendieron las lajas cordobesas (según Horacio Spinetto, nota 23/05/2026). Esos hechos alimentaron burlas y críticas durante sus primeros años (1936-1938), un contraste claro con la recepción actual en 2026, cuando la ciudad lo asume como icono. Históricamente también fue intervenido en clave cultural y política: por ejemplo se le colocó un árbol navideño en 1973 y un preservativo rosa en 2005 para campañas de salud (según la misma nota). Observamos que las obras públicas y los símbolos urbanos suelen polarizar al principio y consolidarse con el uso: ese ciclo es útil para entender qué celebramos ahora y por qué debemos cuidarlo.
¿Qué significa hoy para la presencialidad cultural porteña?
Hoy el Obelisco funciona como escenario y punto de encuentro: se transforma en centro de protestas, campañas y eventos artísticos, y avenida Corrientes se plantea como gran escenario peatonal para las celebraciones del 90° (según la nota, 23/05/2026). Decimos que su potencia simbólica está intacta; como señala Spinetto, cualquier visitante provincial se saca la foto ahí (nota 23/05/2026). Esa masividad es una oportunidad para reivindicar la presencialidad cultural: preferimos actos que convivan con la ciudad y no que la expulsen. Pero la presencialidad solo es valiosa si viene acompañada por accesibilidad efectiva —entradas, rampas, información clara— y por medidas que eviten la gentrificación de lo público. Si la celebración se hace bien, el Obelisco puede seguir siendo un lugar de encuentro redistributivo; si se hace mal, corre el riesgo de volverse un escaparate exclusivo.
¿Cómo deberían celebrarse sus 90 años? Prioridades claras
Proponemos tres ejes: presencialidad, sustentabilidad y transparencia. Primero, priorizar eventos presenciales gratuitos o con accesos subsidiados para garantizar inclusión; la ciudad anunció peatonalizaciones puntuales para la fecha (nota 23/05/2026), y eso debe traducirse en accesos reales para personas con movilidad reducida. Segundo, reducir residuos: diseñar intervenciones artísticas que usen materiales reciclables y minimicen logística contaminante. Tercero, publicar presupuesto y contrataciones: quién financia, cuánto se paga y cómo se seleccionan artistas y proveedores. Nuestra postura es coherente con posiciones previas: favorecemos la revalorización de la presencialidad cultural y exigimos transparencia y accesibilidad para que el impacto sea redistributivo.
Cierre: símbolo con obligaciones
El Obelisco es una postal que llegó a los 90 años tras un camino lleno de críticas, intervenciones y usos populares (hechos documentados en la nota de Spinetto, 23/05/2026). Celebrarlo debe ser más que un show: exige decisiones públicas que prioricen el acceso, cuiden el patrimonio y hagan visibles los costos y beneficios. Vemos una oportunidad para convertir una postal en un ritual cultural que realmente incluya, distribuya y sea sostenible.