Banco de Alimentos Buenos Aires distribuyó 7,28 millones de kilos en 2025
El Informe 2025 del Banco de Alimentos Buenos Aires reporta 7.283.252 kg entregados y 354.027 personas alcanzadas, con foco en nutrición y programas escolares.
El Banco de Alimentos Buenos Aires distribuyó 7.283.252 kilos de alimentos durante 2025 y alcanzó a 354.027 personas a través de 1.335 organizaciones, según su Informe 2025. Ese volumen equivale a 21.849.756 platos de comida y fue posible gracias a la articulación con 385 empresas aliadas, 21.363 donantes individuales y 6.184 voluntarios, datos que el propio Banco consignó en la presentación del reporte. Empezamos por el número porque es el dato más claro: el Banco no solo reparte kilos, sino que prioriza calidad nutricional mediante programas como Desayuno Saludable y Legumbres, y hace foco en trazabilidad y eficiencia logística para sostener el servicio.
¿Alcanza esto para reducir el hambre en Buenos Aires?
Vemos que los números impresionan pero no alcanzan por sí solos: llegar a 354.027 personas en 2025 es un avance, pero la magnitud del problema exige más que asistencia puntual (Informe 2025 del Banco de Alimentos Buenos Aires). Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi 4 de cada 10 niños atravesaron en 2025 algún grado de inseguridad alimentaria, lo que equivale a aproximadamente 4,3 millones de chicos con dificultades para acceder regularmente a alimentos suficientes y nutritivos (Observatorio UCA 2025), por lo que la escala de la necesidad supera con creces la capacidad actual de los bancos y comedores. Además, el dato de que el 61% de las personas alcanzadas tiene entre 0 y 19 años subraya que la intervención debe combinar asistencia inmediata con políticas públicas de prevención, educación alimentaria y acceso económico sostenido para las familias afectadas.
¿Qué cambió en 2025 y cómo se logró ese crecimiento?
El informe destaca un crecimiento del 30% en el recupero de frutas y hortalizas respecto al año anterior, con duplicación de kilos recuperados en mercados concentradores y mayor participación en jornadas de cosecha con voluntarios (Informe 2025). También se impulsó transformación digital para mejorar la trazabilidad y la rotación de stock, y se amplió la red de empresas aliadas a 385, lo que mejoró la logística y la frecuencia de entregas: en el Programa Desayuno Saludable se distribuyeron 1.734.850 desayunos completos durante ocho meses y se entregaron 655.000 kilos en 304 entregas quincenales (Informe 2025). Es un golazo operativo que muestra que cuando se articulan donantes, voluntariado y procesos se puede escalar, pero ese escalamiento depende de recursos estables y de marcos normativos que faciliten donaciones y recupero sin poner en riesgo seguridad alimentaria.
¿Qué papel juegan las legumbres y la educación alimentaria?
El Banco incorporó en 2025 un Programa de Legumbres para promover su consumo en organizaciones mediante ciclos formativos, porque hay un desequilibrio entre producción y consumo: Argentina produce alrededor de 1.000.000 toneladas de legumbres y consume apenas 40.000 toneladas internamente, según el informe del Banco que cita datos de la FAO; el consumo per cápita en el país fue reportado en 800 gramos al año, frente a un promedio mundial de 8 kilos per cápita (FAO). Promover legumbres es inteligente: son nutritivas, económicas y amigables con el ambiente, y su incorporación puede mejorar la densidad nutricional de los menús comunitarios. Sin embargo, para que la educación alimentaria rinda frutos necesita coherencia entre promoción, disponibilidad en red de logística y políticas que favorezcan el acceso económico de las familias.
Qué falta y qué proponemos
Observamos tres líneas de trabajo prioritarias: sostener y financiar la red logística para que el recupero siga creciendo; combinar la asistencia inmediata con políticas públicas de prevención dirigidas a la primera infancia; y promover cadenas locales que incentiven consumo y producción de alimentos nutritivos, como las legumbres. En términos concretos proponemos ampliar incentivos fiscales para donaciones de excedentes hortícolas, apoyar jornadas de cosecha comunitaria en mercados concentradores donde ya se duplicó el recupero y articular con programas escolares para garantizar desayunos durante todo el año. Creemos que los bancos de alimentos son una pieza clave pero no la solución completa: hacen lo que tienen que hacer bien, pero necesitan políticas públicas, estabilidad presupuestaria y mayor trabajo en prevención para que el impacto sea estructural y no solo coyuntural. Cerramos señalando que el fortalecimiento de la trazabilidad y la transparencia, dos ejes que el Banco declaró en su reporte, son condición necesaria para escalar con calidad y confianza.